jueves, 14 de noviembre de 2013

Neochamanismo


Hace ahora algo más de un año que publiqué mi primer libro “Emoenergética, Psicología Neochamánica”. Hacer referencia en el título al concepto de neochamanismo (“nuevo chamanismo”) fue un acto premeditado y consciente. Pero, ¿Qué es exactamente el neochamanismo?, ¿Porqué califico de neochamánico a este modelo psicológico y existencial?, ¿Cómo está relacionado el chamanismo, y por extensión el neochamanismo, con el estudio y manejo de los diferentes niveles de conciencia posibles en el ser humano?. Para empezar, es necesario aclarar que realmente no existe una definición exacta ni tan siquiera una escuela o corriente de pensamiento homogénea que se pueda agrupar de manera compacta dentro de este término. Por ahora está por ver si en esta época se consolidarán nuevos grupos de exploradores de la conciencia y la espiritualidad que puedan transcender el pesado y trasnochado equipaje que el chamanismo tradicional arrastra y que hasta un cierto punto a sido importado en muchas de las corrientes espirituales modernas.

El chamanismo es un término genérico que intenta agrupar a diferentes conjuntos de prácticas ritualísticas asociadas a mitos, creencias, arquetipos religiosos y culturales que tienen pequeñas o grandes variaciones según el grupo étnico o tradición en la que se practican. Estos rituales son personificados por una figura clave (hombre o mujer según la tradición a la que se pertenezca) presente en casi todas las tribus y culturas de la antigüedad: el chamán. Éste era (y es) considerado el vehículo de conexión entre el mundo cotidiano y los mundos de los muertos, los dioses y los espíritus. El chamán ha ejercido funciones de curandero y guía espiritual debido específicamente a su aparente y sobrenatural capacidad para cambiar sus estados de conciencia, modificaciones perceptuales que son casi siempre conseguidas mediante el consumo de drogas enteógenas y también con otros medios como los cánticos repetitivos o la utilización de instrumentos de percusión. El término proviene de la palabra shaman, originaria del norte de Asia, que fue introducida en occidente por los rusos en el siglo XVI. En el siglo XX los términos chamán y chamanismo se volvieron comunes gracias al interés creciente que la antropología occidental mostró por estudiar y demostrar la universalidad de ciertas prácticas y paradigmas, con componentes y rasgos comunes en todos los continentes y diferentes culturas a lo largo de los milenios. El chamanismo es considerado en muchos casos el precursor de las religiones modernas. Religión y chamanismo son sistemas interpretativos que comparten tanto la visión trascendente de la vida como la adopción de dogmas y rituales, estos últimos realizados y repetidos en un intento de conectar al ser humano corriente con el mundo espiritual, casi siempre con el objetivo de obtener algún tipo de favor. Este plano es llamado generalmente el más allá, el reino de lo que está fuera de la percepción corriente del mundo de todos los días. En tradiciones distanciadas desde el punto de vista geográfico, cultural y temporal, se establecen sin embargo abundantes similitudes a la hora de categorizar las diferentes esferas espirituales: los cielos, los infiernos, los mundos de los espíritus benévolos, los de los espíritus demoníacos, los pertenecientes al propio Creador, incluso los mundos de los sueños, así como los tiempos pasados y futuros, todos ellos fuera del alcance del común de los mortales. Existe una brecha que los separa del mundo físico, son naturalmente diferentes, inmateriales. El chamán es reconocido como el puente entre los diferentes mundos y en ocasiones entre los diferentes tiempos, pasados, presentes y futuros, asumiendo también la función de oráculo. Hoy en día algunas culturas mantienen la figura del chamán como parte de su idiosincrasia; el título ha sido heredado también en diversas prácticas asociadas a grupos occidentales vinculados a la New Age. La occidentalización del chamanismo sería el germen del neochamanismo.

Pero sin lugar a duda, existe un punto de inflexión en la historia del chamanismo moderno. A finales de la década de los 60 del siglo pasado, un antropólogo afincado en Los Angeles, California, publicó el que iba a ser el primero de una serie de libros que aparentemente iban a tratar sobre la utilización ritual y medicinal de plantas alucinógenas por parte de algunas culturas de indios mexicanos. Se centró específicamente, por pura casualidad, en un linaje particular y cerrado de chamanes categorizados dentro de una tradición singular y extremadamente minoritaria llamada nagualismo. Lo que empezó como un trabajo de campo, primero para el máster y luego para el doctorado en antropología, se acabó convirtiendo en todo un nuevo paradigma sobre la conciencia y la espiritualidad en occidente. Carlos Castaneda, como así se le conoció, fue un personaje controvertido de principio a fin. Según él mismo, las enseñanzas que recibió en el mundo de aquellos chamanes le afectaron de tal manera que no tuvo otro remedio que convertirse en uno de ellos. A pesar de su éxito masivo, su figura permanece velada por el misterio, incluso después de su muerte en 1.998. Según él esto era un efecto premeditado resultado de un ejercicio de disciplina incesante, de la puesta en práctica durante años de las técnicas promovidas por su maestro chamán, específicamente las pertenecientes al arte del acecho y a la parte llamada “borrar la historia personal”, imprescindibles como medios en su camino a la conciencia total a través del camino del guerrero. Varias fechas y lugares de nacimiento, nacionalidades y nombres distintos así como la existencia de varias fotografías que claramente son de diferentes personas atestiguan la bruma en la que estaba envuelto Carlos Castaneda. Muchos creen que Don Juan, el indio yaqui del que hablaba en sus libros, fue tan solo una elaborada invención literaria. Castaneda sin embargo aseguró reiteradamente que no solo había compartido con él y su grupo de brujos casi 15 años de andanzas y entrenamiento, sino que además Don Juan era un nagual, un hombre de conocimiento, un ser humano excepcional con una configuración “energética” especial que se convirtió en su maestro y guía. En mi opinión personal, el sistema de conocimiento que Castaneda plasmó en sus libros y que aparece bajo términos tan dispares como chamanismo, brujería, nagualismo o el camino del guerrero parece demasiado impresionante como para ser la invención de un solo individuo. De ser así, sería igualmente un acto de genialidad por su capacidad de recoger, sintetizar, transformar y aglutinar una serie de ideas y modelos antiguos, o más bien anticuados, dejando como resultado una herencia perfectamente adaptada para el ser humano del siglo XXI. Realidad o ficción, gracias a él se inicia una de las revoluciones conceptuales sobre el asunto de la conciencia más importantes de la modernidad. Al día de hoy me parece poco interesante, hasta un cierto punto, si las historias que Castaneda relata en sus 13 libros, son puro cuento o experiencias autobiográficas (como él afirmó hasta el final). Lo cierto es que si se estudia la obra con la profundidad adecuada, lo que se encuentra es un sistema de conocimiento tremendamente compacto a nivel psicológico, filosófico, trascendente y lo más importante: práctico. He conocido a lo largo de los años a multitud de personas que presumían de haber leído a Castaneda. Sorprendentemente ha sido extremadamente raro dar con aquellos que han estudiado en profundidad su trabajo, y mucho menos con los que lo hayan entendido y puesto en práctica. La obra de Castaneda es una apología del lado mágico del ser humano, de ese lado "inmaterial". No va sobre el uso de las drogas psicotrópicas, como muchos piensan al haber entrado en contacto con sus primeros libros, ni de indios, ni de culturas antiguas, ni de rituales. Todo gira en torno a la atención y a las casi infinitas posibilidades de la percepción, subrayando la idea de que tenemos, o podríamos tener, un destino como seres luminosos más allá de nuestra dimensión física y social. Así mismo, señala una y otra vez hacia las claves de nuestro desastre como humanidad al no darnos cuenta que somos mucho más que un cuerpo físico; somos un capullo luminoso que es a su vez un receptáculo transformador de la energía más fascinante del universo: la conciencia. Su legado es una guía que reta al buscador a descifrar los acertijos propuestos, aunque a menudo de forma encubierta, para que cada cual pueda comprobar por su cuenta la veracidad y validez de la enseñanza. Existe un intento inflexible e impecable dirigido a catalizar y mantener despierta la sed de traspasar los límites cognitivos tradicionales, manteniendo la sobriedad en todo momento, ya que la locura o la estupidez son enemigos del conocimiento. En el camino, el practicante tiene permitido saturarse una y otra vez de asombro y maravilla mientras que se llena hasta el borde de amor a la vida. Castaneda consiguió llegar al gran público, pero sin embargo, él mismo contaba cómo había pagado un precio muy grande al haber roto y traspasado con creces los linderos en los que la antropología académica se mantiene; al final su trabajo no ha sido considerado ni reconocido como un verdadero estudio antropológico. Pero lo cierto es que aun así su impacto en la cultura occidental (gracias a su enorme éxito editorial, más de 50 millones de libros vendidos) está más allá de lo que muchos reconocen, permeando casi de forma inadvertida una parte del pensamiento occidental, la psicología, las neurociencias, la física e incluso el cine y el arte.

Casi sin querer, o quizás a propósito, Castaneda inició una reconfiguración de la propia idea del chamanismo, sembrando la semilla del neochamanismo (si bien él, que yo sepa, no utilizó este término). Estableció una separación fundamental entre la hechicería tradicional (el chamanismo cultural), que perdura hasta el día de hoy a través de los curanderos, yerberos, videntes, charlatanes, santeros… y las poco comunes tradiciones de naguales. Según él, su maestro Don Juan era el guardián de una línea de éstos últimos. A pesar de ser de origen indio, Don Juan afirmaba que había llegado el tiempo del hombre occidental y que el conocimiento ancestral debía traducirse al lenguaje académico (por eso le puso la tarea de escribir libros) dejando atrás todo el equipaje cultural, folklórico y ritualístico. En este sentido, fue un revolucionario dentro de su tradición. Castaneda fue su heraldo y a la vez, al igual que Don Juan, un nagual. Dentro de este sistema se distinguía a los naguales (hombres o mujeres) por la naturaleza doble de su capullo luminoso, a diferencia de la mayoría de la gente que cuentan con un capullo simple. Esta configuración especial es la que otorgaría a los naguales la posibilidad de ser maestros de otros, ya que su potencial como seres conscientes es mayor. He escrito ampliamente sobre la doble naturaleza de la realidad física y sutil. El capullo luminoso (el alma) está hecho de materia y energía sutil, mientras que el cuerpo físico está formado a partir de materias y energías físicas. El alma evolucionaría a través de las experiencias asociadas a un cuerpo físico y estaría ligada por su naturaleza a la conciencia, que a su vez sería el componente más esencial de la realidad.


Toda la enseñanza del nagualismo gira en torno a la ampliación controlada de la percepción ordinaria hasta convertirla en extraordinaria. Este sería el medio para aumentar la conciencia hasta el punto de ser completamente transformados por ésta, en cuerpo y alma, consiguiendo dejar atrás nuestro lado egoíco y así alcanzar la posibilidad de la libertad total, para entonces seguir evolucionando mas allá de las limitaciones de nuestra actual etapa como seres humanos. Para ello se hace necesario no solo comprender, sino atestiguar individualmente la naturaleza última de la vida, la muerte, la atención, la materia, la energía e incluso la del Espíritu. Los naguales de una línea son los guardianes y transmisores del conocimiento acumulado dentro de sus cerrados linajes; forman grupos propios de aprendices y cuidan de elegir e instruir a un maestro para la siguiente generación. Así se aseguran de la perpetuación del conocimiento heredado, aumentándolo en lo posible para depositarlo y almacenarlo en un armazón cognitivo al que llaman la Regla. Pero Castaneda era diferente, por su configuración personal era un nagual de final de ciclo, un fenómeno que solo ocurre cada muchas generaciones de naguales. Como tal su misión fue acabar su linaje, algo que estaba contemplado en la Regla. Por eso no dejó ni sucesor ni alumnos. Su forma de difundir el conocimiento fue de forma abierta, a través de sus libros, que según él eran las semillas de una  oportunidad para ayudar al despertar de multitud de individuos a lo largo y ancho del mundo, abriéndose una nueva era en la que quizás algunos pudieran desarrollarse sin haber tenido un maestro. Me considero como un heredero de alguna de esas semillas. La influencia del trabajo de Castaneda permea mi ser y de alguna manera forma parte de lo que soy. El hecho de que él no fuera mi maestro ni yo su alumno es precisamente lo que ha permitido mi independencia para poder abrir una nueva vía de conocimiento. No me siento cercano al chamanismo tradicional, no me interesan nada las drogas ni los rituales, tampoco mi camino es el que siguió Castaneda puesto que no pertenezco a un linaje. Sin embargo comparto tanto por preferencia personal como por  experiencia una buena parte del núcleo de sus enseñanzas. Soy un explorador de la conciencia, puedo modificar mi percepción y ver lo que muy pocos ven, he desarrollado todo un sistema de sanación física y espiritual y he creado un modelo cognitivo que ahonda sobre la naturaleza de la mente y el alma humana. Así que creo que referirme al neochamanismo en el título del primer libro de la Emoenergética fue por un lado una declaración de afinidad y por otro la expresión del deseo de que algunos de nosotros seamos capaces de dejar completamente atrás la parte rancia del mundo espiritual. Se hace necesario traer al presente tan solo la esencia de lo antiguo que nos sirva para evolucionar, renovando todo lo demás. En esta nueva era el conocimiento científico, la tecnología, la interconectividad y la razón tienen que formar parte natural del ser humano espiritual, junto con la audacia de explorar territorios fuera de lo convencional. Es esta una época de oportunidades sin precedentes en la historia de la humanidad.


¿Te gusta este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.

Creative Commons License
Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.

sábado, 4 de mayo de 2013

Resonancia Bioenergetica III



La Resonancia Bioenergética es una técnica de terapia energética y también de lo que se ha venido a llamar sanación espiritual. Voy a explicar algunos de sus principios y fundamentos. Este es un texto no introductorio, de manera que es posible que si no estas familiarizado con la terminología que uso, algunas cosas no se entiendan. Sin embargo, probablemente aun así sea de tu interés. Según el modelo de la Resonancia Bioenergética todo en nuestro mundo es de naturaleza doble: física y sutil. Nuestro cuerpo sutil está constituido principalmente por una estructura compleja con forma ovoidal que se extiende más allá del cuerpo físico, aproximadamente hasta un metro por arriba, abajo, adelante, atrás, a la izquierda y a la derecha de él, aunque al existir conectado con el campo sutil de los seres con los que se relaciona y con los sistemas en los que vive, sus manifestaciones en ocasiones se pueden observar mucho más allá de sus límites, tanto desde el punto de vista del espacio como del tiempo. Este cuerpo sutil y las conexiones que lo relacionan con su entorno se caracterizan por una cierta variabilidad y dinamismo en sus estructuras de interconectividad, es decir, en la parte de él que está formado por filamentos transportadores de energía e informaciones sutiles. Algunos de estos filamentos son permanentes y forman parte estructural del cuerpo energético; otros se crean y se mantienen o desaparecen dependiendo de las variaciones puntuales en la relación, tanto física como emocional, con uno mismo y con el entorno. De cualquier manera, estos filamentos en sus diferentes tipos y calibres interpenetran y comunican todos los sistemas (tanto físicos como sutiles) de forma endógena y a la vez conectan al individuo, por un lado con el universo en el que existe y por otro con el Espíritu que lo sustenta.

El terapeuta de la Resonancia Bioenergética realiza ajustes, intervenciones especializadas en el campo sutil del receptor y a la vez intensifica y desbloquea las conexiones que éste tiene con su entorno. Ejecuta estas maniobras gracias a un dominio eficaz y no ordinario de sus capacidades de percepción, atención, intento y pensamiento. Lo hace sin tocar físicamente al receptor, sin importar la distancia a la que este se encuentre. Gracias a esto las sesiones de Resonancia Bioenergética se pueden concertar sin que el terapeuta y el usuario se encuentren en el mismo lugar. Se utilizan unos protocolos de actuación predefinidos cuyo aprendizaje y manejo eficaz requiere de un largo entrenamiento. Insisto en esto ya que muchas personas me piden que les enseñe o diga cómo se hacen estos ajustes, pensando que es una técnica sencilla que se puede realizar y comprender instantáneamente sin conocimientos previos; sí, se parece a lo sencillo que es tocar el piano, cuando ya sabes hacerlo, aunque evidentemente has tenido que pasar por todas las fases de aprendizaje hasta llegar a conseguirlo, y por supuesto, siempre puedes mejorarlo. Las técnicas y protocolos están diseñados y ordenados cuidadosamente para dotar de coherencia, unidad y dirección a las operaciones de LECTURA y AJUSTE que el practicante de la Resonancia Bioenergética realiza en el campo sutil del receptor. Las lecturas tienen como objetivo la obtención de datos parametrizados concretos de interés que serán utilizados para realizar los ajustes apropiados en cada caso. El impacto y eficacia de los ajustes bioenergéticos depende por un lado de la resistencia al cambio del receptor (inercias perversas a nivel físico, psíquico o energético) y por otro de la capacidad de enfoque alcanzada por el practicante o terapeuta así como del desarrollo conseguido en su propio cuerpo sutil, esto es, en su sistema de chakras, cuerpos aurales y sobre todo en el que llamo CANAL CENTRAL, una especie de “columna vertebral” del cuerpo energético. Este canal es una estructura potenciadora de interconectividad sutil y tiene que ser obligatoriamente desarrollado por el practicante de la Resonancia Bioenergética. Una parte del proceso formativo que realizo a mis alumnos tiene como objetivo el crecimiento y evolución de dicho canal. Una vez desarrollado un mínimo, funciona generando un campo inductor bajo cuya especial influencia se favorece la intensificación del potencial energético de las estructuras sutiles del receptor del ajuste, su reorganización, así como su mejor conexión con el suprasistema cosmo-solar-telúrico y con su propia matriz maestra (la contenedora de la simetría sagrada individual). Otras terapias energéticas, como por ejemplo el Reiki, también utilizan de una u otra manera estos mecanismos, aunque frecuentemente de manera inconsciente, puesto que desconocen su estructura y funcionamiento.

El objetivo de los ajustes es inducir un realineamiento o empuje generador de direccionalidad que facilite el acercamiento de la matriz individual del receptor hacia los lugares supersimétricos más accesibles contenidos en forma potencial dentro de su matriz maestra con respecto al espacio y tiempo en el que se encuentra. La matriz maestra es el campo de posibilidades asociadas a un individuo, es la matriz de información contenedora de todas las opciones y escenarios posibles que un ser vivo puede llegar a experimentar y materializar a lo largo de su existencia, es su mapa del destino. Los ajustes como herramienta operativa de la Resonancia Bioenergética intentan aumentar la capacidad atractora de los lugares no manifestados de gran simetría situados en la verticalidad potencial no manifestada del sistema individual del receptor, ayudando a que su horizontalidad cambie su foco de inercia para reorientarse hacia ellos, realineando al campo sutil y a su información hacia una dirección más favorable, más simétrica desde el punto de vista de la totalidad de la propia matriz individual o al menos desde alguna de sus partes.


Todo momento PRESENTE está definido por un lugar o encapsulamiento de simetría y de inercia que aparece como la resultante de todos los vectores de información, de ubicación y de existencia acoplados, aglutinados y encajados. Su manifestación es la propia matriz individual, la cual se encuentra entretejida y sostenida por la propia estructura de la realidad, o lo que es lo mismo, por el espacio tiempo lineal. Es decir, la matriz individual de cualquier sistema, objeto o ser es la receptora final en un momento presente de la simetría lineal y de la inercia asociada, e igualmente es el lugar (como porción finita del universo) donde se produce la manifestación unitaria, concreta y experienciable producto de todas las fuerzas, energías e informaciones que la crean; recíprocamente, la propia matriz individual es a su vez la mantenedora de dichas fuerzas, energías e informaciones. La existencia lineal es el proceso a través del cual se generan y mantienen cohesionados racimos de puntos de confluencia (contenedores de simetría conscientes de sí mismos o no, seres u objetos), lugares individuales específicos con estructura y funciones horizontales ligados al espacio-tiempo así como funciones transpersonales verticales ligadas al propio Espíritu y a su Voluntad. 

Un sistema o punto de confluencia se puede definir como una isla de simetría (orden-información) en un mar de entropía (desorden-ruido). La entropía máxima genera un vacío o ausencia de información en un área concreta de la existencia; al no haber información, no pueden existir ahí funciones ni estructuras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la naturaleza de la entropía dentro del espacio-tiempo lineal es relativa, es decir, su valor observable, mayor o menor, depende siempre del sistema de referencia con respecto al cual se está midiendo. Esto quiere decir que en un lugar puede haber un vacío de algo y a la vez una presencia de algo. Por ejemplo, en el caso de un ser vivo orgánico, la entropía máxima es su muerte, puesto que este evento interrumpe toda posibilidad de pervivencia de simetría para ese ser, produciéndose a partir de ahí una discontinuidad completa en sus funciones y posibilidades, al menos desde el punto de vista del individuo físico que fue. La enfermedad también se manifiesta como el resultado de una excesiva entropía en un ser vivo. La simetría, que es una característica que tiene que ver con el orden e información identificables en un punto concreto del espacio-tiempo lineal, también es un aspecto relativo al sistema de referencia. Lo curioso es que la simetría no se puede manifestar sin entropía, porque no hay orden sin limitaciones y la función intrínseca de la entropía es la de generar fronteras y finalizaciones.

El equilibrio entre la entropía y la simetría es el que permite la aparición del DINAMISMO y la mutabilidad de los estados que observamos como una propiedad fundamental del universo lineal. Esencialmente se puede aceptar que en cualquier sistema horizontal o lineal, el TODO existente es divisible en PARTES más simples que son el fruto de la multiplicidad a la que lleva el establecimiento de límites por parte de la entropía. Los componentes interiores de un sistema son a su vez subsistemas y éstos igualmente son por lo general fraccionables en partes más simples y así sucesivamente. Es posible que se pueda llegar a un límite en la cualidad de divisibilidad, aunque llegados a este punto ya no nos encontraríamos con un sistema lineal sino con una singularidad: la finalización de lo concreto. El límite inferior de lo concreto sería de esta manera abstracto. Lo mismo ocurriría con su límite superior, es decir, aquel al cual se llega siguiendo los sistemas o racimos de rango mayor en los que un sistema individual o elemento está incluido. Por eso digo que un sistema es una isla de simetría en un océano de entropía. Ese abstracto o singularidad, en el que las leyes organizativas del universo lineal, incluido el espacio y tiempo desaparecen, es el vacío que es pero que no existe. Sus inexplicables fluctuaciones hacen emerger a lo que es y existe (matriz individual) dentro de algo previamente creado pero que no es aunque existe (matriz maestra). La realidad está construida de enracimamientos fractálicos de sistemas acoplados a través de los cuales las mismas características organizativas esenciales de la existencia (expansión, entropía, fragmentación, contración, cohesión y simetría) generan, a través de procesos realimentativos, la emergencia de infinidad de formas (contenedores de simetría e información) y funciones (programas de actividad y transformación) según la dimensión y el nivel al que pertenecen y el lugar en el que se sitúan dentro de la Creación. 

La dimensión temporal (sostén a su vez de la dimensión espacial) tiene propiedades anteriores-posteriores inflexibles, esto es, la línea del tiempo desde el punto de vista de cualquier ser, objeto o sistema existente dentro del universo manifestado es un flujo inercial constante que genera anterioridad (pasado) mientras que se desplaza hacia la posterioridad (futuro) modificando a través de este movimiento constante a la propia geometría del espacio y a los elementos y sistemas contenidos en él. La matriz individual (el observador, en el caso de un ser consciente) se encuentra encajada por completo en la profundidad de un surco que se forma entre ambos aspectos del tiempo. A ese valle o fondo del surco formado por la característica antero-posterior (pasado-futuro) del tiempo es a lo que llamamos espacio, el lugar en el que se puede ser y existir, el presente en el que vivimos. Sin embargo, recorrer un surco de la rueda del tiempo tiene sus consecuencias: el aumento gradual de la entropía del sistema individual que le llevará, mas tarde o más temprano, a su eventual finalización. Hoy en día ya tenemos claro que la parte física del ser que muere se reintegrará a la Tierra y con ello al Universo físico al que pertenece, puesto que la energía y la información, desde el punto de vista de la física moderna, es indestructible. Pero ¿qué pasa con la parte sutil cuando se muere?. En el modelo de la Resonancia Bioenergética, la parte sutil transciende a la física, siendo esta última el mecanismo a través del cual la conciencia impersonal, que es una energía sutil, es anclada en un reino, el orgánico o material, al cual no pertenece pero del cual saca un partido: su propia evolución y transmutación a través de la manifestación de una conciencia personal. El cuerpo sutil, el alma, sobrevive como unidad un tiempo más allá de la muerte física, aunque morirá igualmente después de cumplir su ciclo, finalizando su individualidad, siendo su información reintegrada en la parte sutil del Universo para después volver a ser recombinada con otras y fusionada de nuevo con el nivel físico, encarnada en diferentes individuos para continuar el proceso de aumento de su potencial energético, desde el punto de vista de la conciencia.

La conciencia de ser inherente a los seres vivos permite un aumento sustancial de los llamados grados de libertad disponibles dentro de la propia existencia, más cuanto más alto grado de conciencia de ser ha alcanzado la especie a la que se pertenece y todavía más si el individuo consigue situarse por encima de la media de la evolución horizontal de la misma. Sin embargo, una vez que se ha extendido en la dimensión horizontal, que abarca el nivel biológico y, en el caso del ser humano, todo lo perteneciente a nuestras funciones como seres sociales y como personas, la conciencia de ser debe buscar, por decisión propia, su evolución en la verticalidad. La verticalidad es el nivel transpersonal, al que muchos llaman espiritual. Aquí se hace necesario abrir y mantener abierto el capullo luminoso de una manera especial, a través del CANAL CENTRAL, para que la luminosidad abstracta del Espíritu, su conciencia divina, llene y permee el cuerpo energético como si fuera un recipiente. Para esto es necesario alinear la voluntad individual con la Voluntad del Espíritu. Así se produce un aumento real en la conciencia de ser del individuo y una transmutación alquímica de su propio recipiente, el alma, el cuerpo de luz, que debe antes haberse preparado adecuadamente, para después transformarse en un vehículo y canal viviente del propio Espíritu y de su Voluntad. Las religiones, las escuelas espirituales y el chamanismo han intentado a lo largo de los tiempos elaborar rituales, técnicas y códigos de conducta que facilitasen tal apertura y alineamiento del canal central hacia el espíritu, a menudo con escaso éxito. En nuestra época también muchas medicinas naturales se han afiliado con dicho propósito, incluida la Resonancia Bioenergética. La sanación espiritual lo es solamente si ayuda o facilita activamente a este proceso de alineación con el Espíritu, de otra forma es curación o sanación física o emocional, lo cual también esta bien, pero no hay que confundirse. Uno de los problemas fundamentales para el practicante espiritual o para el que busca sanación con esta intención transpersonal es la dificultad de poder verificar si su avance es real o no. A menudo es muy fácil confundirse y tratar a los buenos terapeutas, a los líderes carismáticos y a los geniales prestidigitadores mediáticos como si fueran maestros de conciencia, pero rara vez esto es así; lo serían solo si sus recipientes se encuentran llenos, o por lo menos mucho, mucho más llenos que el tuyo. Saber esto con seguridad solo es posible si se conocen y perciben directamente los campos sutiles que tienen que ver con la conciencia y con ese desarrollo energético del individuo. A través de la Resonancia Bioenergética he ido desarrollando un modelo de percepción ordenada de la información del campo sutil que me está permitiendo avanzar con pasos firmes en el conocimiento del alma y de la psique humanas. La parametrización de muchos aspectos que hasta ahora han sido catalogados como no medibles o incuantificables establece una ventaja operativa para este sistema de conocimiento y sanación. Muchos siguen creyendo que ciertas cosas no se pueden medir, pero hasta donde he visto a través de las LECTURAS (que no intuiciones o canalizaciones) me inclino a pensar que casi todo está sujeto a una magnitud que se puede revelar si el investigador tiene las herramientas, percepción y aptitudes necesarias. La comprensión, al menos hasta un punto, de lo que es la enfermedad, de lo que son verdaderamente las emociones, de lo que es el ego, de cómo está organizado y de qué se alimenta, de sus efectos en nuestro día a día, así como la adquisición de datos concretos sobre el fenómeno conocido como la realización espiritual, la iluminación, sus fases, la posibilidad de medir la conciencia de ser y el grado de evolución tanto horizontal como vertical de cualquier individuo... Se ha conseguido mucho y todavía queda más por hacer en este camino de la Resonancia Bioenergética. Gracias por formar parte de este viaje fascinante.

¿Te gusta lo que has leído en este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.


Creative Commons License
Texto y fotografías de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.


viernes, 26 de abril de 2013

Resonancia Bioenergética II


El material que he publicado hasta ahora, tanto en este blog como en mi primer libro “Emoenergética, Psicología Neochamánica”, trata especialmente sobre las emociones, la conciencia y la psique humanas abordadas  desde una perspectiva bioenergética y transpersonal. Sin embargo, el origen de esta cosmovisión y del modelo teórico-práctico resultante sobre la naturaleza humana, al que he llamado Resonancia Bioenergética, tuvo sus raíces en una búsqueda personal muy concreta: la de mi propia sanación física. 


La Resonancia Bioenergética que hoy en día practico y enseño es el sistema de sanación y conocimiento humano resultante de esta experiencia personal. La mayoría de las personas que se benefician de este sistema lo hacen como usuarios de mi terapia en las sesiones individuales que hacen regularmente. Unos pocos se convierten en alumnos avanzados y pueden llegar a realizar la formación de terapeutas. Para éstos aporto un modelo teórico y práctico de percepción extrasensorial, así como un protocolo avanzado de intervención y tratamiento del campo energético. También hay muchas personas que en los últimos tiempos se han interesado desde un punto de vista intelectual por mi trabajo, gracias a la labor divulgativa que hago a través de la Emoenergética, cuyos principios y fundamentos expongo en mi blog y en el libro que he publicado. La Emoenergética es la parte no técnica de la Resonancia Bioenergética. En conjunto, todas las partes unidas forman una medicina holística, moderna y revolucionaria en muchos sentidos. Pero también es un camino de crecimiento personal, emocional y de la conciencia. Y todo ello parte de la premisa fundamental de que el universo tiene una naturaleza doble: FÍSICA y SUTIL. Así que nosotros, como integrantes vivos de ese universo, también somos seres dobles. Nuestra parte sutil es el ALMA, lo que anima al cuerpo físico y le da la vida. Cuando hablo del alma no me estoy refiriendo a un concepto romántico, teórico, espiritual o abstracto, sino a un verdadero cuerpo energético que se encuentra completamente vinculado e interconectado con los niveles físico, mental y emocional. El alma es una entidad concreta dotada de estructuras propias y funciones particulares, sometida a las leyes naturales, accesible, cuantificable, experimentable y visible para el perceptor entrenado en la Resonancia Bioenergética.

Como es normal, muchas personas me preguntan si a través de este sistema puedo curar esto o aquello. Dejemos las cosas claras, por ahora, y probablemente va a seguir así, existe un marco legal bajo el cual se me permite ejercer mi profesión como terapeuta energético y asesor espiritual, sin embargo hay leyes muy restrictivas en cuanto a lo que se puede decir, afirmar u ofertar, ya que se penaliza y cataloga como delictivas las afirmaciones o anuncios en los que se promulgue que tal o cual terapia alternativa tiene algún efecto positivo para la salud. Yo, como profesional de la medicina natural, he decidido respetar eso. Las posibilidades de ésta y otras terapias naturales se deben demostrar a través del tiempo con hechos más que con palabras. Creo en la importancia de ser y comportarnos como profesionales a la hora de trabajar como terapeutas. Es necesario hacer de la impecabilidad nuestra tarjeta de visita. Aun así, habrá una parte de la población que nos verá como bichos raros, por eso hay que evitar serlo. Aunque a veces son necesarias revoluciones y desobediencias civiles, lo importante es darnos cuenta de que la percepción del público con respecto a las terapias complementarias en los próximos años dependerá sobre todo de la coherencia y sobriedad en el trabajo de divulgación que podamos hacer y de la práctica profesional de cada uno de nosotros y nosotras en el día a día. Creo que se puede conseguir mucho desde dentro del sistema, podemos respetar una legalidad con la que quizás no estamos de acuerdo, y aun así hacer una buena labor. Yo asumo que las leyes que regulan nuestra práctica tienen como objetivo proteger al usuario, y eso me parece necesario en cualquier ámbito. Desgraciadamente, al día de hoy, los que nos dedicamos a la medicina natural, aunque compartimos algunos principios, no formamos un grupo homogéneo, ni decimos las mismas cosas, ni tenemos los mismos conocimientos, ni las mismas creencias, ni vamos por el mismo camino. Esto es debido a que somos una corriente minoritaria y fragmentada, pero igualmente podemos esforzarnos en investigar, trabajar, divulgar y compartir y quizás con el tiempo seamos capaces de funcionar mucho mejor como colectivo.

Así que, aunque la Resonancia Bioenergética también tiene un gran interés en el conocimiento y comprensión del funcionamiento del cuerpo físico, su lugar es ser una medicina complementaria orientada no hacia este nivel físico, sino hacia su contraparte sutil: el alma humana. Por supuesto, en el propio modelo se apoya la hipótesis de que necesariamente debe existir una relación de interdependencia entre los estados del cuerpo físico y los del cuerpo sutil, no pueden ser entes separados, sino que deben estar intercambiando información constantemente. De cualquier manera, más que de curación, en este contexto lo correcto es hablar de sanación. En nuestra sociedad se usa comúnmente la palabra CURACIÓN para dar nombre al proceso de eliminación del síntoma o de su percepción a través de fármacos, o bien al estado alcanzado en el que no se manifiestan signos físicos o mentales de la enfermedad o patología previamente presente, o también para hacer referencia al proceso posterior a la extirpación de la misma a través de la eliminación o sustitución de tejidos o partes del cuerpo asociadas con ella. Sin embargo, la SANACIÓN, tal como se entiende en la Resonancia Bioenergética, es un término que hace referencia más a un camino que a una meta. Es un proceso cuyo éxito depende de la integración de nuevos aprendizajes simétricos desde el punto de vista del alma como compensación eficaz a los problemas presentes en el cuerpo físico, en el cuerpo energético o en la mente. La sanación lleva implícito el acto de recorrer una vía a través de la cual el individuo tiene que resolver diferentes acertijos a través de los cuales es retado a aumentar su consciencia de ser como consecuencia del proceso de reconexión y reorganización al que somete a la totalidad de si mismo (cuerpo-mente-alma) así como a sus partes previamente fragmentadas, perdidas o dañadas. En el individuo, la sanación debe asentar la comprensión de que el destino es el viaje. Este proceso es una lucha emprendida y sostenida para conquistar la aceptación, profunda y total, de que la propia Vida es un fenómeno existencial y transcendente. Por ello el desafío real del ser humano consiste en aceptar el reto de sublimarse y así destilar hasta la última gota de consciencia que quepa en su recipiente. La curación física es una excusa, un incentivo más en el camino de la sanación y el despertar espiritual. O al menos, así se debe entender en este camino que, como en todos, parte de algunas premisas fundamentales que se asumen como principios. La sanación verdadera es alinearse con la voluntad del Espíritu a través del acercamiento a la propia simetría sagrada. Un principio elemental en este sendero es que el Espíritu (principio y fin de todas las cosas y seres) insufla y reparte a través de sus propios comandos la luz de la conciencia a sus creaciones. Esto lo hace aparentemente para que una vez trasformada esta energía especial a través del proceso de vivir, le sea devuelta de nuevo a través del proceso de morir. 

Los mandatos o comandos del Espíritu son los niveles de organización a través de los cuales la existencia y por tanto la vida se manifiesta y ordena. En nuestro sistema de vida en la Tierra podemos atestiguar que se expresan especialmente a través del orden universal, natural y biológico, que organiza la materia, la energía y la vida, así como sus posibilidades de expresión y replicación. Además de mandatos y comandos, el Espíritu dispone de Voluntad. Sin embargo podríamos decir que su voluntad es tan solo su preferencia, explicada bajo el concepto de la simetría sagrada, por lo que los seres, si bien son comandados a vivir de un cierto modo y bajo unas ciertas leyes (horizontales), además pueden elegir por sí mismos si recorren los caminos (verticales) que les llenarían de forma extraordinaria con más luz del propio Espíritu, es decir con la conciencia divina misma. Además de vivir una existencia puramente “natural” y ordinaria, los seres podrían “iluminarse”. Por eso la verdadera sanación, en la Resonancia Bioenergética,  es contemplada desde el nivel transpersonal, el que ubica y conecta al individuo y a su experiencia vital más allá del comando o mandato biológico de la nutrición, supervivencia y reproducción (horizontalidad), otorgándole un lugar más simétrico y transcendente dentro del propio Espíritu Universal (verticalidad) gracias al proceso de llenado y expansión de la conciencia en el capullo luminoso o cuerpo sutil individual. La conciencia es vista aquí como la energía fundamental del universo, que se expande a lo largo de la creación hasta llegar a los capullos de los seres vivos, donde es trasformada y concretizada para fabricar experiencias. El cerebro sería un transductor de la experiencia y de la conciencia hacia el cuerpo físico, pero no el origen de la misma. Los principios que expongo se pueden catalogar como dogmáticos, sin embargo, uno de los propósitos más ambiciosos que me propongo es proporcionar las herramientas de expansión de la conciencia y percepción extrasensorial necesarias para que aquellos que empiecen asumir estos principios como meras premisas o apuestas, sean capaces con el tiempo de convertir estas creencias en conocimientos mediante su propia experimentación directa, reiterada y compartida con otros compañeros y compañeras de viaje.

Es cierto que en la medicina natural, al igual que en cualquier tendencia minoritaria, marginal o no consensuada, existe una tendencia al dogma, la extravagancia, incluso al delirio. Se me podría acusar de lo mismo. En mi intento está mantener la Resonancia Bioenergética como un sistema coherente y libre de supercherías y charlatanerías. Por ello, tanto en las terapias como en los seminarios, suelo hablar de lo necesario que me parece cultivar activamente un pensamiento crítico y lógico, incluso en lo alternativo. En definitiva, ser más racional que los materialistas, lo cual es un reto complicado pero alcanzable. Aun así hago afirmaciones que pueden ser irracionales para muchos. Afirmo que es posible entrenar a personas para que sean capaces de percibir el cuerpo sutil. Se puede, hasta un punto, al igual que en cualquier otro área del conocimiento, descubrir y comprender cada vez más los funcionamientos de este cuerpo. Se pueden aprender y dominar técnicas y protocolos de actuación concretos a través de los cuales el terapeuta podrá llegar a ser capaz de realizar intervenciones precisas en el campo sutil humano. Este es un sistema pseudocientífico, sí, pero cuenta con una amplia base de conocimientos, parámetros, protocolos y metodologías que permiten ir integrando cognitiva y experiencialmente la dimensión sutil para poder sanarla. Todo ello sin recurrir a ángeles, extraterrestres, rituales, túnicas ni cantos, ni tampoco a la seductoras drogas psicodélicas o enteogénicas, cuyo peso va aumentando progresivamente entre los buscadores de la conciencia y que sin embargo traen consecuencias nefastas y contrarias a los objetivos de desarrollo de la Resonancia Bioenergética. De hecho, ésta es una medicina que ni siquiera tiene interés en la farmacopea natural. Asumo el complicado reto de demostrar, al menos empíricamente, que existe una dimensión sutil en la existencia, que la consciencia es parte esencial de ella y que el pensamiento es su vehículo; que los conglomerados de campos de materia y energía sutiles son estructuras ordenadas, cuantificables y accesibles para el perceptor-sanador adecuadamente entrenado,  que estas estructuras forman parte natural de todo lo que existe y que están íntimamente relacionadas con el nivel físico.

Vivimos en un contexto acelerado de avances humanos, cambios rápidos cimentados en el desarrollo científico y técnico. El materialismo científico más radical y el nihilismo se fortalecen como tendencias que quieren convertirse en predominantes. La ciencia avanza impregnada cada vez más de este materialismo, afirmando que el escepticismo es el único modelo cognitivo válido para explicar la realidad, la vida, el universo, la naturaleza y nuestro lugar en ella. La ciencia y la ingeniería avanzan produciendo desarrollos horizontales en lo que he venido a llamar “la parte dura de la conciencia”. El resultado es la ampliación de nuestras capacidades de conocimiento y cerebrales a través de la adquisición de competencias intelectuales y del uso de artefactos tecnológicos que nos muestran partes de la realidad aparentemente inaccesibles para nuestros sentidos ordinarios. Contamos con cantidad de aparatos que “aumentan” nuestra realidad o que intentan poner parches y accesorios en las áreas de la psique que no hemos podido o querido desarrollar. Las percepciones ampliadas que nos brindan dichos elementos tecnológicos forman ya parte de nuestro mundo de todos los días, modifican nuestra relación con él y la forma en cómo lo percibimos. La mayoría de la gente no se da cuenta realmente de que estamos en un punto de inflexión en la historia de la humanidad y en nuestra evolución como seres. Asistimos casi sin darnos cuenta a una revolución en nuestro entorno y en el mecanismo a través del cual los datos e informaciones del mundo externo llegan a nuestros sentidos y cerebro. Nuestra capacidad de percibir y reflexionar sobre lo que percibimos nos impulsa hacia nuevos descubrimientos y paradigmas que intentan explicar el mundo y la vida. La explicación que  intenta hacerse dominante defiende que, al final, solo somos materia, átomos que se organizan en forma de cuerpo y cerebro, siendo éste último un mero y complejo procesador computacional de información cuyo objetivo final es replicar los genes y producir descendencia, siendo la selección natural el medio para conseguir esto y la evolución un mero producto de ello. Para el materialismo científico somos una máquina sin alma, sin significado y sin propósito y la vida no es más que una casualidad. La psique y la conciencia no son más que productos emergentes del funcionamiento cerebral y el alma no es más que una falacia, un error de interpretación del propio cerebro. El cuerpo no es más que un conjunto de piezas que se pueden manipular y sustituir, de forma más eficaz cuanto más avanza la ciencia.

El materialismo libra su batalla y lo seguirá haciendo en las décadas venideras en su intento de convencer a las masas de su paradigma, de que tanto nosotros como la naturaleza somos simples máquinas con capacidades computacionales, que no venimos y que no vamos a ningún sitio. La ciencia tiene la esperanza de poder arreglarlo todo, si avanza lo suficiente. La medicina convencional se basa primeramente en el consumo de drogas y medicamentos. En ocasiones esto no es suficiente y entonces el siguiente planteamiento es cortar por lo sano, literalmente. Se trabaja intensamente para conseguir fabricar piezas que sustituyan lo que se rompió en tu cuerpo. Y lo más importante es que no duela. Hay una gran actividad en el desarrollo de nuevas piezas biónicas mécanicas y también biológicas. Piezas de recambio sin alma para máquinas sin espíritu. Es raro para mi pensar que bajo esta manera de ver el mundo, somos unos desalmados. Una parte de la medicina sigue esforzándose más y más en inventar soluciones que mitiguen los desastres de nuestras decisiones, en lugar de insistir en la necesidad de hacernos cargo de nuestra vida, mejorar nuestros hábitos y asumir nuestros errores. Todo es una enfermedad curable, incluso nuestros despropósitos. Admiro muchos de los avances de la medicina convencional, lo que no comparto es su visión.

Mi apuesta es otra. Trabajo para engrandecer el alma, conocerla, sanarla, sacarla a la luz. Despertar cada día con el propósito de perfeccionarnos y sublimarnos como seres humanos transcendentes y así hacernos responsables de nuestros pensamientos, palabras y obras, aceptando nuestras limitaciones y superándolas si es posible. Mi alma es un crisol que bulle y late en la alquimia de la existencia; mientras que camino por este mundo, lucho y me deleito a partes iguales; percibo, siento e intento llenarme del elixir de la vida, la conciencia de ser.

He pasado los últimos 30 años buscando, investigando, encontrando. Y así voy a seguir, ya que la fascinación por la vida y la conciencia me impulsan. Hasta el momento he impartido el conocimiento que tengo a muy pocas personas, en realidad a ninguna, es decir, no completamente. Desde hace tiempo he estado reflexionando sobre cuál sería el formato más adecuado para trasmitir esta enseñanza a los futuros terapeutas de la Resonancia Bioenergética. En realidad, lo tengo claro desde hace bastante, pero aun así he estado valorando  diferentes opciones. Desde el principio he sabido que esto no puede ser simplemente un cursillo o seminario que te llevas a tu casa después de unas horas de clase. Este es un camino, una forma de ver y entender la vida en toda su amplitud y dimensiones. Por ello se exige una transformación por parte del alumno, un entrenamiento adecuado y mucha dedicación. Precisamente por esto no lo he ofertado en forma de seminarios en los que se convoca a la gente que quiera hacerlo y ya está. Hubiera sido mucho más sencillo para mi. No estoy conforme con ese sistema, al menos no con la Resonancia Bionergética. He discutido largamente conmigo quizás porque hoy en día así es como se suelen hacer las cosas. Quien me acompañe, con el tiempo lo entenderá perfectamente que la manera en como lo voy a hacer es mucho mejor. Al día de hoy tengo que trabajar con cada alumno a alumna directamente, a su ritmo, de forma individual, durante años. No he encontrado otra manera de hacerlo bien. Ahora ya ha llegado el momento. Mientras que sigo investigando y dando terapia, espero poder dedicarme al menos los próximos 50 años a enseñar de forma profesional este arte, guiando a aquellos que se muestren dispuestos a recorrer los rigores de este sendero, más duro y complejo de lo que la mayoría pueda sospechar, pero lleno hasta el borde de conocimiento y maravilla, porque es más que un camino de sanación, es un camino de Vida. Si has llegado a leer hasta aquí, debe ser que te interesa. Si es así, empieza por recibir terapia.

¿Te gusta lo que has leído en este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.


Creative Commons License
Texto y fotografías de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.

jueves, 24 de enero de 2013

Soledad


El camino del guerrero de la conciencia es solitario. La SOLEDAD en su aspecto negativo es la incapacidad de acompañarse a uno mismo; es el DESAMOR que se experimenta hacia la propia individualidad. En su aspecto positivo es un espacio sagrado que se crea y se cuida, una manifestación más del hacerse responsable de la propia existencia, una herramienta indispensable en el crecimiento vertical. La soledad y los sentimientos que en uno provoca poco tienen que ver con estar o convivir con más o menos personas, somos seres sociales, sino más bien en cómo nos relacionamos con ellas y con nosotros mismos. Según expongo en la Emoenergética, la modalidad principal a través de la cual se establecen las relaciones humanas es la basada en la dependencia emocional. Ésta impide el desarrollo vertical, el de la conciencia, aunque no necesariamente el horizontal, el que tiene que ver con la evolución de otros niveles que no son la conciencia (físico, intelectual, social, económico, etcétera), eso sí, a costa de sostener el patrón dominador-dominado, en el que para que algunos ganen, muchos tienen que perder.

Un guerrero viajero recorre su vida con pasión, en todo su largo, buscando su propia impecabilidad, puesto que sabe que es la única herramienta que le acercará a sí mismo. De tanto en tanto, es posible que su fortuna o su intento hagan que su camino se cruce con el de otros guerreros, otras personas que le ayudan o a las que ayuda bajo la premisa "TU BENEFICIO ES MI BENEFICIO, MI BENEFICIO ES TU BENEFICIO". Esta modalidad permite que las relaciones se establezcan y mantengan sobre la base del crecimiento mutuo a través del intercambio y construcción de poderes, en lugar de hacerlo mediante el mercadeo de debilidades y la mendicidad de afectos. Esto no quiere decir que haya que abolir las jerarquías, son parte intrínseca de la naturaleza, sino que hay una posibilidad de redefinirlas para generar beneficios verticales recíprocos y simétricos. Difícilmente podemos avanzar si no aprendemos de otros, así que la soledad que importa no es la externa sino la interna. El guerrero o guerrera de la conciencia se debe sentir bien en soledad y también en compañía. Aunque sí, es cierto, en esta forma de vivir uno limita sus contactos, especialmente los grupales, por ser tendentes éstos a promover las conductas de "manada" que no son compatibles, más bien contrarias, con el desarrollo de la conciencia. Preferimos la relación de individuo a individuo, de alma a alma.

¿Te gusta lo que has leído en este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.

Creative Commons License
Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.