sábado, 23 de junio de 2012

Pecado

El concepto de PECADO se ha manipulado a lo largo de la historia para mantener a los seres humanos encadenados al orden social, el cual tradicionalmente ha sido utilizado para proteger el estatus de las oligarquías religiosas, culturales, políticas y económicas. Sin embargo, originalmente debió servir para poner nombre al ACTO a través del cual el hombre se separa del Espíritu Universal, de su Ley y de sí mismo (alejamiento de la SIMETRÍA SAGRADA). Desde el punto de vista de un vidente de la ENERGÍA SUTIL, lo único que existe es la CONCIENCIA, sus intensidades y sus variaciones de ganancia y pérdida.  Bajo esta premisa, el pecado es un hecho energético más que algo moral, un movimiento mórbido que lleva a la pérdida de energía, ejecutado en todo caso a través de un acto volitivo (GRADO DE LIBERTAD), o como efecto de la IGNORANCIA individual. La ignorancia es la ausencia de conocimiento, fruto del sometimiento al YO EGOICO. El más grande de los saberes es el conocimiento total de uno mismo;  a éste solo se llega a través del aumento de la conciencia y ésta tan solo crece al incrementar el sentimiento de unión y conexión con el SER que somos (la verdadera AUTOESTIMA), sublimando los pensamientos, las palabras y obras, sometiéndolos (mediante INTERÉS, INTENTO y VOLUNTAD),  a la presión constante de las VIRTUDES ESENCIALES y de la IMPECABILIDAD. El pecado sería lo que hace al ser humano perder conciencia, desconectándole parcialmente de su propio ser, de su PROPÓSITO transpersonal y del conocimiento energético de sí mismo, aumentando la ignorancia, la culpa, el sentimiento de indignidad y debilitando su voluntad. El aumento de la conciencia limpia y fortalece la conexión con el Espíritu; es el efecto de ser IMPECABLE, que significa, literalmente, incapaz de pecar.

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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.

domingo, 3 de junio de 2012

Meditación I


Para la mayoría de las personas, el pensamiento está básicamente formado por el DIÁLOGO INTERNO, que es una sucesión recurrente y a menudo aburrida de parloteo, pulsiones emocionales y sensoriales provenientes de un INVENTARIO personal desordenado. Sin embargo, ésta no es la única opción. Cuando la mente está enfocada en un ATESTIGUAR consciente, sin juicios ni palabras, entonces el pensamiento está hecho de SILENCIO.

La creencia popular de que meditar consiste en parar el PENSAMIENTO está muy extendida, aunque es incorrecta. La MEDITACIÓN es un estado tranquilo de observación en el que la ATENCIÓN se pone en cualquier cosa, excepto en el diálogo interno. Nuestra PARTE RUIDOSA, la personalidad egoica, está acostumbrada a tener la mayor parte de la atención; se alimenta y fortalece enfocándola de forma consistente y compulsiva en el diálogo interno. Sin embargo, también existe en nosotros una PARTE SILENCIOSA, la personalidad original, el doble energético; el problema es que rara vez permitimos que se haga con la atención. Ésta es la razón por la cual, en el ser humano corriente, la parte silenciosa habitualmente se encuentra débil y deteriorada, ya que recibe muy poca nutrición. La meditación es precisamente hacer que la atención sea utilizada por nuestra parte silenciosa, para que así se pueda alimentar de ella. Al principio es bastante difícil, ya que es necesario invertir tiempo y esfuerzo para llegar a disponer de un mínimo de concentración, puesto que la parte ruidosa es demasiado fuerte y despista al practicante una y otra vez. Pero si se persiste, la meditación empieza a ser efectiva y el practicante comienza a experimentar verdaderos estados de silencio, aunque sea por breves instantes. Se reconocen como la sensación de poder dejar de hablar con uno mismo. Es entonces cuando la parte silenciosa empieza a fortalecerse como consecuencia de la propia práctica, lo que equivale a poder mantener la atención en sí misma durante más tiempo.

Existen dos formas básicas de meditación: la activa y la pasiva:

La MEDITACIÓN PASIVA se practica en una postura cómoda, sentado o tumbado con los ojos cerrados. Entonces, por ejemplo, se lleva la atención a la nariz, a las fosas nasales, observando el entrar y salir del aire por ellas; sin más. Si la atención se va al diálogo interno, simplemente la devolvemos otra vez a la nariz. Se mantiene la concentración de manera firme y tranquila durante al menos 5 minutos. No hay límite máximo de tiempo. Otra modalidad puede ser utilizar sonidos rítmicos o monótonos (no musicales) y enfocar la atención en ellos.

La MEDITACIÓN ACTIVA se realiza mientras se está haciendo cualquier actividad normal, siempre que no sea peligrosa. Se lleva la atención hacia la propia actividad y a las experiencias sensoriales que nos produce, evitando cualquier juicio o enfoque en el diálogo mental. Una muy buena forma de practicarla es hacer grandes caminatas en solitario de más de dos horas, aunque también sirven los pequeños desplazamientos. Se pueden cerrar ligeramente las manos haciendo que los dedos meñiques toquen las palmas, enfocando la atención en la sensación que esto produce mientras que se mantiene la mirada al frente, ligeramente hacia arriba, sin centrarla en nada en particular. También es muy efectivo enfocarse mientras tanto en la respiración y en los sonidos ambientales.

El secreto de la meditación es realizarla sin esperar ni buscar nada, porque sí. Persistir significa que debe hacerse práctica pasiva cada día, sin excepción; da igual si son cinco minutos nada más. Practicar cada día con independencia de las circunstancias produce un efecto especial en la mente que no se consigue de otra manera. La meditación activa complementa a la pasiva, pero no la sustituye.
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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.