jueves, 30 de diciembre de 2010

Propósitos


Ahora que la energía del nuevo año empieza a impregnar nuestro ser, muchos somos los que revisamos viejos propósitos o elaboramos algunos nuevos.
Conversamos con nosotros día tras día, nos contamos una historia sin fín, a menudo repetida. Utilizamos nuestro intento, nuestro poder personal, queramos o no. Del intento surge lo que vivimos. Mala suerte, buena, fácil, difícil, imposible, inutil, vacío, plenitud, posible...
Las palabras utilizadas, las formas en las que expresamos nuestras ideas y pensamientos construyen el escenario personal al que llamamos “el mundo”. La magia reside en el intento y una parte del intento es creado a través las palabras.
Hay una cosa que he comprendido, sólo es bueno aquello que aumenta la energía-percepción-conciencia, y sólo es malo aquello que la disminuye. Por eso me leo mis propósitos, cada noche en mi silencio y cada mañana al despertar:

  • Renuncio al rencor, a la envidia y al odio, aunque me hayan hecho daño.

  • Renuncio a sentirme culpable y a utilizar la culpa contra los demás o contra mi mismo. Me hago cargo de mi vida.
  • Renuncio a la vanidad y a la ignorancia, porque son venenos que me impiden admirar la grandeza de la Creación.
  • Renuncio al aburrimiento y a “matar” el tiempo y así evitar perderme el milagro de mi existencia.
  • Renuncio a la necesidad de castigar y a castigarme; así me libero de las deudas.
  • Renuncio a sobornar y a sobornarme.
  • Renuncio a chantajear y a chantajearme.
  • Renuncio a robar o tomar la energía de los demás y elijo recuperar la mía. Elijo recuperar mi pureza original.
  • Renuncio a la pataleta, porque ya no soy un bebé, para poder continuar caminando y seguir creciendo para a lo mejor un día volar. Me dejo de quejar para así responsabilizarme de mi realidad.
  • No concedo ni comparto mi espacio con aquellos que quieran perturbar, amenazar o impedir mi crecimiento o el de mis seres queridos. No concedo ni comparto mi espacio con aquellos que pretenden robar mi energía o la de mis seres queridos. Renuncio a las relaciones dañinas.
  • Quiero, me merezco y elijo que cada día me traiga el impulso y discernimiento para encontrar y escoger aquello que sea beneficioso para mi y para los que quiero.
  • Invoco al valor que me falta para renunciar a todos y cada uno de los pesos muertos que lastran mi desarrollo integral como ser humano.
  • El beneficio de los demás me beneficia. Mi beneficio es beneficioso para los demás.
  • Elijo creer el el valor de las personas y dejar de creer en los desvalidos.
  • Deseo profundamente encontrar y ser encontrado por aquellos seres o personas que tengan un nivel de evolución igual o superior al mío.
  • Deseo amar y ser amado. Comprendo que el verdadero amor es la fuerza aglutinante que une y cuida sólo aquello que es necesario para crecer y evolucionar.
  • Deseo profundamente la capacidad consciente de detectar lo peligroso en mí o en los demás. Recuerdo en cada momento que lo peligroso es aquello que roba simetría y posibilidades de desarrollo.
  • Elijo acercarme en cada aliento a mi Simetría Sagrada, mi auténtico camino de consciencia y aprendizaje. Elijo el completo contacto y profundización en mi Ser-Núcleo y recuperar la Totalidad de mi mismo.
  • Elijo el esplendor en esta vida. Renuncio a la mediocridad.
  • Elijo crear lo auténtico y deshacerme de la falsedad.
  • Elijo alinearme con el intento de la Vida y percibir su ritmo, cada instante.
  • Elijo estar consciente de forma permanente de que soy más que un cuerpo físico. Elijo reencontrarme con mi ser energético.
  • Elijo hacer más y mas silencio cada día, el ruido ya no me sirve.
  • Elijo ser cada día un poco más impecable y permitirme ser uno con el camino del guerrero.
  • Y elijo continuar siempre enamorado de la Vida y del Conocimiento. Elijo ser un devoto de mi existencia como energía que se mueve, se transforma y evoluciona en el infinito Mar de la Conciencia.


Y así espero, con paciencia, con ternura, con dedicación y tesón para que algún día estos propósitos se hagan completamente realidad...

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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons


jueves, 23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad


Las dependencias emocionales mantienen la conciencia del ser humano en una etapa infantil y ritualista, impidiendo su evolución como ser luminoso dando como resultado un campo energético débil y deteriorado así como una percepción de la realidad demasiado limitada. Las relaciones nos desgastan en el momento que exigen un patrón de conducta predeterminado y repetitivo que queda perpetuado a través de costumbres y tradiciones sociales, siendo el cambio y la evolución individual vistos a menudo como una amenaza para el grupo. Invertimos nuestra energía en los demás y los demás nos prestan la suya a cambio, de esta manera permanecemos atados, siendo el precio convertirnos en una caricatura de nosotros mismos, lo que los demás esperan y a eso lo llamamos amor; muchos se acostumbran, otros no lo pueden soportar y se deprimen y otros se convierten en guerreros impecables, navegantes del infinito... es cuestión de elegir.

Por naturaleza tenemos una fuerte dimensión social ya que sin la sociedad sería imposible el aprendizaje humano y un alma grande solo se ha podido hacer gracias al contacto con sus congéneres, pero el problema es sostener sociedades que anclan a los individuos a las costumbres y a las falsas ilusiones en lugar de facilitar su desarrollo como perceptores, maestros de la conciencia y del conocimiento. Nos ocupamos tanto de las vidas de los demás y de lo que puedan pensar de nosotros que hemos olvidado el milagro de la propia existencia y lo limitado de su duración, de esta manera cuando la muerte toca cerca la observamos con sorpresa y conmoción.

Adornamos el mundo con bellas luces como compensación por haber olvidado la propia luz interior. Nos comportamos arrogantemente dando por hecho de que mañana habrá otro día y así dejamos para mañana lo que es verdaderamente importante: enamorarse de la vida y conectarnos con el sentimiento de auténtica gratitud hacia esa energía que se nos presta. El que no consigue quererse a si mismo, poco o falso amor puede dar a los demás. Ilusión es sinónimo de falsedad. Vive la vida real, aquí y ahora, asume que vas a morir pero prepárate para vivir. Cada aliento trae luz y vida, todos los días del año.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons

lunes, 6 de diciembre de 2010

Paternidad


La primera emoción que evoca el nacimiento de un bebé es la de la ALEGRÍA… Sin embargo, antes de seguir hablando de esto, es necesario darse cuenta del hecho de que, como seres humanos, nuestro psiquismo y organización emocional están encajados en tres niveles diferentes a los que se intenta servir. El primero en jerarquía es el de la pertenencia a una ESPECIE. Es el que condiciona las emociones desde el aspecto biológico e instintivo. Por debajo del nivel de especie, y en segundo lugar, está el ORDEN SOCIAL, que emana del hecho de que somos seres sociales que nacemos, aprendemos y funcionamos en grupo. El orden social es un esquema que intenta servir principalmente al orden biológico. Lo hace generando y manteniendo estructuras de grupo como la familia, los estados, las administraciones, los sistemas productivos y económicos, con el objetivo de que la especie tenga continuidad. Y el tercer nivel de manifestación emocional es el del INDIVIDUO. Por inercia intenta servir tanto al orden social como al biológico, si bien, paradójicamente, tiene como objetivo fundamental el mantenimiento de la propia vida para que sea posible la acumulación de experiencias, aprendizaje y consciencia individuales.



Como el objetivo principal del orden biológico es la supervivencia de la especie, cuando nace un bebé es este el nivel que genera la ALEGRÍA, puesto que ésta es la emoción encargada de intensificar la experiencia de CONTINUIDAD y GANANCIAS. El orden social replica la intensificación biológica generando más alegría, ya que realmente la sociedad gana, al menos de forma potencial cuando dispone de un individuo más.

Y llegamos al individuo, que a duras penas intenta imitar la alegría biológica y social, cuando en realidad la PATERNIDAD/MATERNIDAD es una de las pérdidas más grandes que se pueden experimentar como ser humano individual. La cantidad de esfuerzo, recursos, energía y tiempo que deberás utilizar para sacar adelante a tus hijos es descomunal, perdiendo definitivamente tu estatus anterior… para siempre. La emoción encargada de intensificar el sentimiento de pérdida es la TRISTEZA. Así que, desde el punto de vista del padre o madre, el nacimiento de un bebé trae, se reconozca o no, una enorme tristeza. Cualquier pérdida conlleva un aumento de problemas, que deben ser resueltos, y de necesidades, que deben ser compensadas. Cuando no se es consciente o no se quiere reconocer la pérdida inherente a la paternidad/maternidad, los individuos suelen utilizar fundamentalmente dos tipos diferentes de estrategias perversas de compensación. La primera es convertir al bebé en una propiedad. Ésta es la modalidad más frecuente e incluso es apoyada socialmente: los hijos son tuyos, para siempre. La segunda estrategia es menos frecuente y consiste en el abandono. Cuando un padre o una madre no se ve capaz de asumir la pérdida, simplemente abandona o se deshace de sus hijos.

Sin embargo existe otro tipo de compensación que como padres es posible realizar. En una familia de guerreros, los padres se hacen cargo de manera impecable de sus hijos y mientras crecen, ellos mismos se dedican a crecer y a aumentar su consciencia, transmitiendo a sus hijos esos valores, facilitando que sean, si así lo elijen, seres luminosos que desplieguen su potencial poniendo límites a las ataduras de la dependencia emocional. Los padres guerreros PERDONAN la deuda a sus hijos, porque la han convertido en consciencia. Cuando crecen les dejan ir en las alas de la libertad, porque desde el principio les han tratado como compañeros de viaje, nunca como propiedades o inversiones. A eso se le llama AMOR VERDADERO y es la semilla para que el orden social sirva a los individuos de forma primaria y al orden biológico de forma secundaria, que es lo contrario de lo que ocurre ahora. Éste debería ser el siguiente paso en la evolución de la familia, de la sociedad y del individuo.

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Textos y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons